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sábado, 4 de septiembre de 2010

ERA UN ENORME JARDÍN




Era un enorme jardín consagrado al tedio y a la soledad, apto para la lectura y la tranquilidad; y sobre todo era un hotel para dormir, despertar y tras dos deliciosas horas de silencio, dar la bienvenida al sopor con que se anuncia un nuevo sueño todavía más profundo que el anterior.




(El suplente del suplente - Xavier Calicó; Quatro, Ed. Folio: Barcelona, 2006)

jueves, 13 de noviembre de 2008

OCHO COLUMNAS


Sir Benjamin Lee estudiaba la costa con prismáticos. Ocho columnas, la mayoría de ellas cercenadas, se levantaban orgullosas sobre un promontorio contra el cielo inmaculado; sin duda se trataba de vestigios de la civilización griega o romana. ¿Era parte de una acrópolis? Benjamin Lee dudó y se decantó más por la teoría de que pudiera tratarse de las ruinas de uno de los templos donde a Apolo, aquel dios hermoso que tocaba la lira como nadie, le dio por habitar en épocas pasadas. Con los prismáticos ante sus ojos, Lee se preguntó: ¿Dónde te ocultas ahora, Apolo? ¿Qué ha sido de tu vida, si es que aún existes? ¿Te asesinaron los otros dioses menores... o quizás, al no soportar la ofensiva vulgaridad que reina hoy en día en los rasgos humanos, tú, que fuiste el más bello de todos, decidiste desaparecer para siempre?




(El suplente del suplente - Xavier Calicó; Quatro, Ed. Folio: Barcelona, 2006)


domingo, 28 de septiembre de 2008

ORO LÍQUIDO



El sol, que se asomaba por el Mediterráneo, inundó de luz la cima del volcán y luego rodó por las playas y acantilados, y lamió los pueblos costeros, uno tras otro hasta irrumpir en el puerto, y entonces las ventanas se incendiaron igual a fogatas y también las tejas viejas y la mar calma y las cúpulas que resplandecían como si hubieran sido baldeadas con oro líquido.




(El suplente del suplente - Xavier Calicó; Quatro, Ed. Folio: Barcelona, 2006)

viernes, 8 de agosto de 2008

TRAVELLING



William, con el pasaporte en la mano, esperó su turno dedicándose a observar a uno de los huéspedes, octogenario en apariencia, que bebía a pequeños sorbos una taza de té, al tiempo que alzaba con la otra mano el platillo para, en caso de derramar algunas gotas, impedir que mancharan sus pantalones de color hueso, cosa por otra parte muy probable, habida cuenta de que, por culpa de un avanzado Parkinson, taza y platillo brincaban con desasosiego ante los alarmados ojos de una dama cuyo perfil se recortaba al contraluz del ventanal y quedaba aureolado por el resplandor que llegaba del jardín, donde los olivos centenarios hacían trizas un cielo limpio, y algunos pasos más abajo, la cala desierta, apenas hollada por el pie humano, se entregaba a una orilla cansada tras otro día de sol abrasador.




(El suplente del suplente - Xavier Calicó; Quatro, Ed. Folio: Barcelona, 2006)